jueves, marzo 12, 2009

TARDE, AMIGO

Dicho y hecho. Que alguien me pide que cuelgue algo nuevo en el blog, hecho, que alguien me pide que le acompañe a llevar ropa que ya no usa a algún contenedor para la ropa de la que nos deshacemos, hecho, que me propongo con otro amigo a hacer un cómic con el cuál divertirnos muy muy muy mucho, hecho.

El primer "hecho" lo dejo aquí, los demás ya se los tendrán que imaginar hasta que les pueda contar algo más en otro post.

TARDE, AMIGO

Es esa mujer de nuevo. Otra vez rondando mi cabeza. ¿Qué querrá a estas horas? Ahí está, abriendo las frágiles puertas de mi cerebro con su llave maestra, como Pedro por su casa. “Pase, pase, póngase cómoda. Total, no la he invitado y aún así, ha vuelto a venir. No pensará que sería tan grosero de, una vez que ya se ha adentrado, no invitarla a tomar asiento”. No me oye o no quiere hacerlo. Con esos pelos tan repugnantes, largos y sucios tapando su apocalíptico rostro… Seguro que tiene los oídos taponados de cera. ¿Qué es ese rastro viscoso que desprende al caminar? Claro bonita. Tú como si estuvieras en tu casa, ¡como no lo vas a tener que limpiar tú!, desfila y ensucia. Que no sé para qué pongo yo un felpudo en el rellano de mi razón si las veces que has venido no te has detenido ni a leer el mensaje de bienvenida. “¿Señorita?, ¿Hola?”, en fin, voy a intentar no ser descortés haber si se marcha pronto. “¿qué le trae de nuevo por aquí?”. “Ya, que ha seguido la pista de la oscuridad. Y ¿cómo se come eso? Nada, nada, cosas mías.” Esta mujer sufre alucinaciones, ahora se piensa que me creo lo primero que oigo. “Cada cual con sus problemas y Dios con los de todos.” “Sí señora, suelo improvisar los refranes, pues sobre gustos no hay nada decidido aún. ¿Que ese lo inventó usted?, Ah, un amigo suyo que conoció en el infierno. ¿Y hace calor allá abajo?” “Vamos, que no conocen ni el aire acondicionado ni los ventiladores”. “En resumidas cuentas, ¿me puede decir a qué viene concretamente?, y no me diga que a encargarme un asesinato que ya le dejé bien claro la otra vez que yo soy muy cobarde para esas cosas. Soy canijo y endeble, ¿ve como me tiembla el pulso? Pero ¿qué dice?, ¡si sólo han sido un par de copas o tres! ¡Cuatro como mucho! ¡Cómo va a influir eso en mi pulso! Bueno, que yo no soy capaz de matar ni a una mosca y punto. Son tan pequeñitas, tan inquietas, moviéndose de un lado a otro meneando sus alitas con esa gracia, que no soy capaz ni de echarles el fliflí ese. Vale, vale, no se altere, señora. Ya sé que le debo una porque, gracias a usted, los humanos de a pie somos libres de imaginar lo que nos apetezca en esta sociedad”. ¡Pamplinas! El caso es que nunca he leído su nombre en ningún libro de historia. Y ahora que lo pienso, ¡si no sé ni cómo se llama!. “¿Y cuál es ese encargo que viene a encomendarme? Ah, que sólo quiere que me suicide. Eso es más fácil, ¿ve?. Nos vamos entendiendo. En lo que respecta a mi vida, sabe que no vale nada. Usted murió por nosotros, – o eso dice, y no sé porqué un cosquilleo en el estómago me obliga a creerla – y yo tengo que dar el primer paso. Que todos me sigan. Que todos se precipiten al vacío tras de mí.” Un poco tajante y definitivo, pero suena bien. “Espere que me lo piense. Explíqueme otra vez eso de que usted murió por nosotros, que me gusta escucharlo de su boca.” “Sí, ohhh, ¡precioso!, ¡cuánta generosidad hay en sus pútridas carnes!, quería decir en su alma fantasmal. ¿Quién podría desobedecerla ante tales explicaciones? ¿Ante tanto poder de convicción?”. “Por cierto, ¿cuál era su nombre? ¿Locura? ¿Y tanto le costaba decírmelo? Mire que es usted complicada para algunas cosas. Si es que es más fácil decir que hacer. Debería tener en cuenta usted el consejo de Epicuro de Samos: El exceso de locura engendra la cólera. Y ya me estaba yo empezando a hartar de tanto misterio en su persona”. A lo mejor se piensa esta señora tan espeluznante que mi intención era ligar con ella. Nada más lejos de la realidad. ¡¡Puaj!!, con ese pelo tan grasiento y ese desodorante con olor a matarratas…no me digas más. Aunque ese rostro pálido con el que se regocija me es familiar. “¡Hombre!, ¡ya la recuerdo! Pasó usted por aquí hace tiempo y sedujo a mi hermano, ¿verdad? Si es que siempre hay un roto para un descosido. El pobre era tan feo, tan difícil de ver… ¡como usted!, pero no se ofenda. Ahora comprendo el aire que se daba a él cuando me decía que mirara al espejo, que allí la vería a usted. Yo no era capaz de reconocerla, pero si una cosa no tenía mi hermano era ese aire demente que salía en su rostro cuando estabais juntos”. “Ahora comprendo al pequeño Adolfo, se lo llevó usted consigo y él no tuvo más remedio que seguir los pasos que le marcó”. “Podría haberle impuesto unas reglas que no fueran tan impactantes para las demás personas. Lanzarse por un balcón de un quinto piso e ir a caer a una de las calles más concurridas de la ciudad no es una forma de enamorarlo demasiado romántica, ¿no cree?” “Él fue el primero, ¿verdad?”. Qué ciego he estado. Ahora me doy cuenta de muchas cosas.
by abelgarcia

Me cae bien esta señora. Me da otra oportunidad para enmendar mi error y seguir con la cadena de suicidios en conmemoración suya. ¿No dieron su vida tantos por devolver la libertad al mundo? “Pues lo voy a hacer. ¿Cuándo y a qué hora? ¿Ya? ¡No se hable más! Qué detalle por su parte prepararme ese último vaso de leche, con lo que a mí me gusta. Venga, me lo bebo y me lanzo.”. ¡Qué deliciosa está la leche! No había probado un sabor así desde que ordeñaba las vacas de mi abuelo y bebía de los cubos metálicos. Anda que suicidarme y perderme estas delicias de la vida… “Mire, que lo he pensado mejor, que no lo voy a hacer”. ¡Uf!, ¡qué sensación tan placentera y somnolienta! Esa leche es pura, pura. Hummm, ¡qué rica estaba!. “Señora, perdóneme si la interrumpo, pero voy a echarme un coscorroncito. Ya hablamos otro día. Buenas noches”.

“ “ TARDE, AMIGO ” ”




Texto: David Coleto Mozos http://espiritucaotico.blogspot.com

Ilustración: Abel García http://abelgarciablog.blogspot.com